sábado, 27 de septiembre de 2008

Sol de Invierno

Al mirar por la ventana ya siento la lejanía de ese Sol de Invierno que me abrigó estos últimos meses, con aquella calidez fría que lo caracteriza. Fue con aquel brillo tenue el que me acompañó junto a mis nuevos miedos hacia un horizonte lleno de psicodélicas sorpresas que pasaron como rápidas imágenes, todo dentro de la vorágine lúgubre que me esperaba bajo este querido Sol de Invierno del cual hablo, y el cual tanto admiro por su crudeza.

Tan sólo cerré mis ojos por 2 minutos y ahora todo ya es distinto, o quizás tan igual que antes. Son las esencias de esta nueva primavera, que llenan el ambiente con ese polen hipnotizador, lleno de amor y dicha. Como me entristece recordar quien fuera el Sol de Invierno, ahora que me veo despojado de defenzas sensoriales ante cualquier ataque espiritual. Pero que afortunado fui al verte esa última tarde cuando nos despedimos, preocupados por el naciente ciclo de la vida que se viene.

Ya a estas alturas sólo me queda esperar tu regreso escalofriante e inanimado, para volver a vivir aquellos días desoladores donde la vida es a escala de grises, y el mar se esfuerza por relucir tu brillo. ¡Que bellos días aquellos!


Ahora soy feliz, gracias por tu incondicional compañía

jueves, 25 de septiembre de 2008

Lluvia Ácida

Sin miedo toco el humedo suelo puerteño, las lluvias espantadas con mi llegada han cesado y desde entonces que las horas apuntan hacia aquel día lleno de tradición popular, el éxtasis en mi sangre estuvo en mi con demasiada anterioridad, una inyección de rebeldía, una dosis de pasión y un pisca de euforia, para aquel día de Pratt que me esperaba con ánsias.

Ya la gran calle está limpia de gente inmunda y maloliente, sólo inunda el aroma intenso a café o raramente a pescado que caracteriza a estas jornadas especiales en Valparaíso. Entonces inicio mi recorrido desde la Bella Argentina hasta la Romántica Francia. Mientras hombres serios con rostros de funcionarios de la SS me observan celosamente, ante mi recorrido directo hacia el mar de gente descontenta, que me esperaba con el corazón inmerso en el ritmo de los pasos y las marchas de optimismo.

Estas almas cercanas y hermanas me acompañan en mi perversión: Cantando, danzando, ¡Qué bellas son las artes!. Pero el monstruo nos anhela en cada esquina, son grandes máquinas traga-hombres que lentamente mueren de hambre. Una brisa, una gran fuerza desmoralizadora suelta a estos perros rabiosos tornando el mar turbulento, sumando lágrimas, mareos y sensaciones de muerte en sus filas. ¡Quiero mirar! ¡Quiero Gritar! ¡Quiero Ser! pero ahogado en mi propia canción como un vil alimento, para esas grandes máquinas estatales terminé y silenciosamente, desperté.