sábado, 12 de junio de 2010

Tutap'unchay Kusikawsay

BoliviiiiaaaExiste una tierra más allá del norte, que alguna vez fue poderosa y poseedora de las tierras fértiles que dan riquezas a mi actual nación. En aquella tierra, los sueños de los lugareños no acaba con el amanecer, y la lucha está enraizada en la costumbre de sus abuelos. Es aquella Cosmovisión que me eriza los pelos, tan sólo con escuchar sus charangos y esos armoniosos sonidos que soplan las zampoñas. Esa tierra de carnavales eternos, donde la felicidad se brinda con humildad. ¡Salud! por todos los paganos que rebosan de alegría bailándole a la Pachamama, vestida de seda y escondida de los capitales financieros dentro de una mina con tintes rojos. 

La celebración no para, sino cuando los recuerdos de sangre hacen recordar que no son tan sólo una sociedad, sino que muchas que disputan con la humillación y a veces, el fusil. Pero los llamados Collas, ven la victoria en la organización, pues es la solidaridad y la convicción que los mantiene atentos ante el enemigo oriental.

¡Qué bella se ha puesto esa tierra! ya no llora tardes enteras de represión, ahora los carnavales son hasta desfallecer y es aquel Indio cocalero quien pasó a ser un atado de huesos y carne a un portador de ilusiones, esperanzas y rebeldía. Él es el profeta de la paz, del amor hacia la Tierra, del progreso y la unión en diversidad.

Para finalizar terminaré diciendo que la tierra de Bolívar, es un lugar único donde no reina la ley, y el caos se comprende como un orden, un lugar donde el cielo se ilumina constantemente casi todas las noches, y la lluvia cae en verano. Al llegar a mi tierra, no puedo negar sigilosa y temerosamente que amé su selva y tierras altas, amé sus danzas coloridas, amé sus habitantes tímidos que miraban el piso al caminar, amé aquellos murciélagos en la cocina, amé las lagartijas en el techo, amé ver al presidente a la vuelta de la esquina, amé las polladas con olor a chorizo en cada cuadra, amé la lluvia torrencial que me caía encima mientras yo transpiraba, amé lo ajeno, lo no propio; y no me avergüenzo de ello, además me entusiasma la idea de saber que existen tantas cosas más, que conoceré tarde o temprano luego de Ch’allar el país vecino en su totalidad.