El título de este artículo es parte de la letra de una canción del grupo santiaguino Adrianigual, proveniente del mundillo indie chilensis, que junto a Odisea se ha gestado últimamente como una tendencia musical muy atractiva para aquellos oídos exigentes y un poco hipsters, que por lo general buscan consuelo en las pegajosas y bailables melodías electroindies tanto inglesas como australianas, para lo cual han creado un sonido "cosmopolita" cuya particularidad es que puede ser escuchada por cualquier hipster melómano del mundo.
Lo que en particular me gusta de estos grupos, es que imagino a un par de estudiantes de humanidades tragalibros, hedonistas, nihilistas, y un tanto postmodernos (ellos remarcan la "t"), que encerrados en su habitación hermosamente decoradas, decidieron hacer música -medios para ello nunca les faltó debido a sus capitales tanto económicos como sociales-, dando a luz discos como Baila, Baila y Canta!, y ahora Éxito Mundial, por parte de Adrianigual y el homónimo de Odisea, que poseen la particular elegancia de los sonidos bien puestos y en los tiempos correctos que para muchos es una perfección casi enfermiza, pero a lo que voy no es a su música en sí, sino que a su contenido que es muy similar.
Las letras de estos grupos casi hermanos (Alex Anwandter de Odisea produjo Éxito Mundial de Adrianigual), juegan con el imaginario santiaguino que es difícil muchas veces de expresar en palabras, aunque ellos lo logran muy bien por medio de la musicalización de estas formas. Ambos proyectos presentan a Santiago como una ciudad casi salvaje, rápida, asfixiante, pero a la vez, aquella ciudad en dónde te enamoras, te alegras, y quieras o no, vives. Es una ciudad que te presenta de manera invasiva cientos de edificios altos de los cuales nunca lograrás mirar desde sus terrazas, ya que la modernidad no te alcanzó y sin quererlo, te encuentras inserto en esta capital insegura, dónde no sabes que pasará contigo mañana (quizás te asesinen o no), te sientes solo caminando entre tanta gente que no volverás a ver jamás, tanta angustia que incluso te ganas de prenderle fuego a ¡La Moneda!. Estos grupos, debido a su contexto de creación no corresponden a una tendencia política definida, como lo es el new folk chileno (tendencia clara hacia el rojo amanecer quilapayunés). En cambio, estos tipos reducen la crítica social hacia la sociedad del malestar, el consumismo, la inseguridad social, la vorágine globalizadora y ¿qué mejor que hacerlo con música tan globalizada como la mismísima electrónica?, también la crítica va hacia el individuo, la licuosidad de las relaciones sentimentales e incluso laborales, su personalidad moldeable e incluso desechable, y a la distorción del Yo (dónde aparece la Mescalina o ¡una piscina de Ketamina! en los temas La Planta y Cabros, respectivamente). La letra tanto de Odisea como de Adrianigual pueden llegar a ser un tanto nihilista, pero ese nihilismo en el que te das cuenta que no vales nada, pero tienes la esperanza que algún valor te puedes dar, regalarte a ti mismo algún sentido.
Al escuchar los discos de ambos grupos, me senté, miré el cielo y me pregunté: ¿Y si Don Francisco es realmente Dios? y me fui a bailar la Mística Espiral a la tan malobrada calle Copiapó de Santiago Centro.
