sábado, 27 de septiembre de 2008

Sol de Invierno

Al mirar por la ventana ya siento la lejanía de ese Sol de Invierno que me abrigó estos últimos meses, con aquella calidez fría que lo caracteriza. Fue con aquel brillo tenue el que me acompañó junto a mis nuevos miedos hacia un horizonte lleno de psicodélicas sorpresas que pasaron como rápidas imágenes, todo dentro de la vorágine lúgubre que me esperaba bajo este querido Sol de Invierno del cual hablo, y el cual tanto admiro por su crudeza.

Tan sólo cerré mis ojos por 2 minutos y ahora todo ya es distinto, o quizás tan igual que antes. Son las esencias de esta nueva primavera, que llenan el ambiente con ese polen hipnotizador, lleno de amor y dicha. Como me entristece recordar quien fuera el Sol de Invierno, ahora que me veo despojado de defenzas sensoriales ante cualquier ataque espiritual. Pero que afortunado fui al verte esa última tarde cuando nos despedimos, preocupados por el naciente ciclo de la vida que se viene.

Ya a estas alturas sólo me queda esperar tu regreso escalofriante e inanimado, para volver a vivir aquellos días desoladores donde la vida es a escala de grises, y el mar se esfuerza por relucir tu brillo. ¡Que bellos días aquellos!


Ahora soy feliz, gracias por tu incondicional compañía

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